El día de la publicación de este reportaje la Doctora Marianela Rubilar, quien asumió hace un par de meses la Dirección del Hospital El Carmen de Maipú (en adelante HEC), dará su primera cuenta pública.

En ella exhibirá –de seguro- auspiciosas cifras y datos sobre el primer hospital concesionado del país. Sin embargo, y sin ser adivinos, habrá un hecho que omitirá y que, a juicio de esta redacción, empaña su corta gestión al mando del HEC: Un sumario administrativo por una pelea entre jefaturas (que habría incluido hasta una cachetada), que terminó con dos funcionarios suspendidos, tras graves acusaciones de sus subalternos, y que luego –contra todo pronóstico- fueron reintegrados al Hospital, aunque en puestos de trabajado diferentes.

La información contenida en este reportaje, hoy por hoy, uno de los secretos mejores guardados del HEC. Un sumario que se perdió en los altos de papeles que se acumulan en el Hospital.

Pacientes caídos desde la mesa donde debían ser operados. Funcionarios que robaron poderosos estupefacientes, y que no recibieron siquiera sanción y jefaturas que escalaron sus conflictos hasta los golpes, no serán parte del relato que Marianela Rubilar hará ante la comunidad.

En su intervención de hoy, la Dra. Rubilar tampoco dirá nada respecto a cómo funcionarios que fueron destituidos de sus cargos por el ex Director: Doctor Ramiro Zepeda Iriarte, hoy caminan -burlones- por los pasillos del Hospital El Carmen de Maipú, dando cuenta que la impunidad existe, y que es peligroso decir la verdad. Sin embargo, esta historia partió mucho tiempo atrás.

GÉNESIS

Es 18 de noviembre de 2015 y en el Hospital El Carmen de Maipú (HEC) está a punto de suceder un hecho que, tal como en el film “El Efecto Mariposa”, traerá inusitadas consecuencias.

Los protagonistas de los hechos iniciales, son 3 personas: Juan Antonio San Martín Ramos, Enfermero Universitario y Jefe de los Enfermeros de Pabellón del HEC; Paula Rivera -en ese entonces jefa del servicio de Matronería- y Leonardo Ibacache, matrón de ese servicio.

La historia no está del todo clara, pues en el sumario administrativo iniciado el día 14 de diciembre de 2015 por el Doctor Ramiro Zepeda, Director del Hospital en esas fechas, todos dieron versiones diferentes.

Todo se habría iniciado por una enfermera recorriendo el área de los matrones. Una enfermera nueva, que estaba siendo capacitada. Y es que en el micromundo de la salud, enfermeros y matrones, tienden a ser una especie de perros y gatos.

Leonardo Ibacache, segundo a bordo en su servicio, se habría dirigido a la oficina de Juan Antonio San Martín para preguntarle qué estaba haciendo una enfermera en el área de los matrones, y habría recibido una respuesta subida de tono. Un par de gritos.

Luego Ibacache habría informado de la situación a Rivera, quien habría vuelto a la carga, a tener una conversación de “jefe a jefe”. Y ahí todo se desbordó. Gritos, empujones y una cachetada de la matrona al enfermero, habrían sido el catalizador de una pugna que sirvió para sacar a la luz una serie de “trapos sucios”, que se debían mantener en el más profundo de los silencios.

La Voz de Maipú tuvo acceso a un sumario truncado, que se perdió en el camino y en él que profesionales del hospital denuncian graves negligencias hacía los pacientes, robos por parte de funcionarios de estupefacientes y jefaturas que pagarían dineros de más a sus cercanos. Una historia que hoy verá la luz. Aunque muchos prefirieran que no fuera así.

No vamos a ahondar en la cachetada, ni en sus circunstancias. Sí diremos, por ejemplo, que el hecho terminó siendo investigado, y que el primer fiscal: el abogado José Arias, tuvo que dejarlo apenas iniciado. ¿La razón? los investigados tenían más alto rango que él. Finalmente, fue el Doctor Jorge San Martín, Jefe del Servicio de Urgencia Adultos, junto a la Enfermera María Teresa Gutiérrez, en calidad de fiscal el primero, y actuario la segunda, quienes comenzaron un intento por dilucidar lo que pasó esa mañana en pabellón, y que terminó con varios testimonios en contra de Juan Antonio San Martín y Raquel Hernández, Coordinadora de pabellón.

El sumario comenzó con entrevistas a Leonardo Ibacache, Paula Rivera y Juan Antonio San Martín. Cada uno entregó su visión, donde habían diferencias -por ejemplo- respecto a los motivos que tuvo Rivera para pegarle a San Martín.

Probablemente con el fin de armar perfiles de los protagonistas, el Doctor San Martín, transmutado en Fiscal del caso para estos efectos, pidió a Héctor Álvarez, Abogado y encargado del Departamento de Relaciones Laborales del Hospital, información respecto a denuncias que hubieran recibido alguno de los involucrados en el caso, y que tuvieran que ver con malos tratos a subalternos.

De vuelta el fiscal recibió como respuesta que tanto Rivera como Ibacache no tenían denuncias. No corría la misma suerte Juan Antonio San Martín, ex enfermero del Hospital Militar. Él acumulaba varias quejas, que descansaban en la oficina del abogado.

UNA BOMBA EN EL PABELLÓN DEL HEC

Una de las enfermeras de pabellón que había denunciado a Juan San Martín, fue llamada a declarar el 12 de abril de 2016. A través de su testimonio a la fiscalía se le abrió una puerta valiosa, toda vez que dio amplios detalles sobre otras situaciones que habrían sucedido en el pabellón. El caso se ampliaba y la cachetada, comenzaba a convertirse en una anécdota. Todo era más grande de lo previsto.

La enfermera declaró que “hace mucho tiempo yo me he sentido amenazada y perseguida por mi jefe Juan San Martín y la Coordinadora de Pabellón Raquel Hernández”.

Gritos recibidos por parte de Juan Antonio San Martín en presencia de sus subalternas, desautorizaciones constantes y el descubrimiento que las enfermeras que trabajaban en el día habrían cobrado horas extras sin trabajarlas, le significaron a esta enfermera -según su declaración- una persecución.

Ella comenta en el sumario que Juan Antonio San Martín armó una reunión de equipos a las 17 hrs, de la cual le avisó “cinco minutos antes”. Ahí habrían sentado a la enfermera en la cabecera y San Martín habría dicho “que le parecía mal que una enfermera de pabellón remara para el otro lado y que además yo dijera que las niñas de día se cobraban horas extras, preguntándole a mis colegas. Aquel día él fue muy hiriente y me humilló junto con Raquel Hernández, diciéndome frente a todo el personal que yo era una mentirosa”, dijo en su declaración.

Otro de los problemas abordado en esa reunión fue el reclamo de la enfermera a una colega por haberle pasado 500cc de suero a un menor de meses de vida en menos de una hora. “esta historia de los 500cc es verdadera y a Juan Antonio le molestó que yo encarara a esa enfermera irresponsable ya que puso en peligro la vida del niño”, dice en el sumario.

La “encerrona” que le hicieron a la enfermera no quedó ahí. Según el sumario salió llorando de la reunión y Juan Antonio la conminó con un grito a devolverse a su oficina. Ahí le habría dicho, acompañado de Raquel Hernández: “¿quieres un cambio de servicio? porque yo hago así (hizo sonar los dedos) y te saco inmediatamente creo que es lo mejor para tu salud porque ahora te destruí”.

La enfermera cuenta que pidió llorando irse a su casa. “Nunca en mi vida me sentí tan humillada”. Tras ello fue a siquiatra y se le diagnosticó depresión laboral.

En esa misma entrevista la enfermera acusó que Raquel Hernández les habría dicho a las colegas que “yo era amiga del Dr. Martínez (Director del Servicio de Salud Metropolitano Central) y que yo podía solicitar que destituyeran a todos de sus cargos”; en el fondo lo que se intentó hacer con ella fue desprestigiarla y aislarla.

La enfermera era -sin dudas- un elemento peligroso dentro del mundo del pabellón, pues veía cosas y las denunciaba. No respetaba -según ellos- los “códigos”. Fue así por ejemplo que contó que “en otra oportunidad a otra enfermera se le cayó el paciente de la mesa operatoria y no hizo hoja de incidente ni evento centinela, todo quedó en nada siendo que es un hecho gravísimo que la enfermera no haya hecho correctamente la pausa de seguridad”.

Los detalles que entrega la profesional son graves. Jefas de turno que son nombradas nada más salir de la universidad, diferencias de trato entre los equipos de enfermeras y técnicos que trabajan en el día, versus las que trabajan en la noche, y capacitaciones solo para aquellos que caen bien a la jefatura, son algunos de los asuntos denunciados.

Finalmente la enfermera entregó una lista de nombres de personas que -a su juicio- habrían sido perseguidas o maltratadas por sus jefaturas. Se abría -de esta manera- una caja de Pandora

CAJA DE PANDORA

La fiscalía comenzó a indagar, y tomó la decisión de llamar a declarar a enfermeras y técnicos paramédicos. La idea -parecía ser- corroborar o desestimar lo declarado por la enfermera.

El día 21 de mayo de 2016 Jenny Poblete fue la primera en acudir. Ella negó haber recibido maltrato, sin embargo describió diferencias con Juan Antonio San Martín. No obstante lo anterior, reconoció estar en conocimiento de maltratos a otras compañeras. “Hay una compañera que tiró licencia por una dolencia muscular por la mutual, la señora M.B (nombre ficticio), y él la molestaba diciendo que es mejor contratar hombres para trabajar”.  Y así como lo que señaló “la señora Raquel y Don Juan Antonio repiten estas actitudes, descalificaciones en contra de funcionarios, y no así de las enfermeras que trabajan con nosotros dentro de pabellón”.

Nueve días después de lo declarado por Poblete, fue el turno de Paula Aravena, Técnico Superior de Enfermería, quien se desempeña como arsenalera en el pabellón del Hospital El Carmen. Ella aseguró que escuchó algunas “subidas de tonos”, pero no recordaba el motivo del incidente.

Aravena acusó haber sido maltratada en pabellón: “Cuando uno va a conversar con él, de hacer cumplir los protocolos, no lo toman de buena forma. Me refiero a Don Juan Antonio y la señora Raquel Hernández. Por ejemplo, cuando fui a decir que no se cumplía el protocolo del consentimiento informado, que debe hacer cumplir la enfermera, ha sucedido que muchas veces se ingresa el paciente a pabellón y no tiene el consentimiento, y no ha pasado que han sufrido algunos eventos, como por ejemplo, que se equivoquen del lado de la cirugía a operar, o que el paciente era alérgico a algún medicamento, y no estaba descrito el ingreso”, acusó.

Paula Aravena no es una técnico sin experiencia. “Yo trabajé 9 años en un pabellón en el Hospital San Juan de Dios y nunca vi una jefatura tratarme así”, concluye.

Pero los problemas de pabellón no son exclusivamente de índole médico. Aravena sostiene que una enfermera “empezó a traer a su pololo en los turnos de noche y se encerraba en el estar con él, y en la residencia de enfermería se taparon los ventanales y no sabíamos lo que hacían, o de repente se desaparecían”, contó.

Todas las vivencias de Aravena, terminaron igual que la primera enfermera. “Ha sido súper agotador porque nosotros lo dijimos muchas veces a don Juan Antonio, y nunca se hace nada. Yo salí con licencia médica con stress”.

En el pabellón del HEC, según el testimonio de las enfermeras, no sólo se caen los pacientes de las camas. También habrían robos de estupefacientes.  “hubieron muchos robos dentro de pabellón, y ahora hace poco se desaparecieron de nuevo muchos insumos, al igual que los estupefacientes. Han contratado mucha gente nueva, y al parecer no piden antecedentes. De hecho dos auxiliares que contrataron hace poco, han tenido antecedentes de robo en otros hospitales”, señala.

Otra de las denuncias que se repiten, es que Juan Antonio San Martin tendría familiares trabajando, al igual que amigos de universidad. “Hay un turno en que se encontraba trabajando la madre y el hijo juntos, al principio, avalado por las jefaturas, y nosotros comenzamos a alegar porque no nos parecía correcto”,  expresa.

Es viernes 1 de julio y a declarar a la fiscalía llega Claudia Sepúlveda Godoy, Técnico de Nivel Superior de Enfermería. Las acusaciones se repiten y ella acusa maltrato. “De tipo verbal: gritos. Fuera de la recuperación a mí me pueden decir de todo. Pero no me gusta que me griten delante de los pacientes en recuperación. Don Juan Antonio me grita, y cuando yo le contesto, el empieza a pegar manotazos, y empieza a decir que él es el que manda y amenaza con notsd de démerito o que nos van a cambiar del puesto de trabajo”, cuenta.

Claudia Sepúlveda denuncia en el sumario que una enfermera vio que entró un paciente en paro, “y ella se arrancó, como siempre, y empezó a gritar que el paciente estaba fallecido. Y eso no era verdad, el paciente estaba vivo en recuperación”.

Apenas tres días después, el 4 de julio de 2016 fue el turno de declarar de Madelaine Valdés Lobos, quien, junto con corroborar malos tratos, detalló una dinámica -a su juicio- impulsada por Juan Antonio San Martin y Raquel Hernández, donde a través de rumores, ponen a la gente de los turnos en contra.

Sepúlveda contó que “incluso se perdió un equipo dentro de pabellón, que era muy caro. Nos responsabilizaron de eso. Nosotras los avisamos a los jefes de las bolsas con los insumos y ellos no hacen nada en relación a eso”, se queja.

Ese mismo día declaró también Nidia Herrera, quien ahondó en la crisis de pabellón. “Devuelta de mis vacaciones, me enfermé y me encontraron pielonefritis. Y don Juan me dijo que era poco creíble mi enfermedad y me acosaba llamándome a la casa de que yo había dejado el turno tirado”.

Además, denunció que “una niña de trauma, que viene dos días a trabajar a la semana, y lo dicen nada. Nunca la llaman a la casa ni a la oficina. Ella es amiga de la jefa”.

Geimy Toro Parra declaró el miércoles 6 de julio. “Nos tratan como si fuéramos perros, hasta nos han chispeado los dedos, no nos dejan ir al baño (…) hay veces que he terminado llorando de la rabia, por no poder decirles nada. Me hacen sentirme poca cosa”, dice.

Fue el día 23 de septiembre de 2016, y con varios testimonios que acusaban hostigamientos, favorecimientos a funcionarios e incluso el pago a personas que no acudían a trabajar, que el fiscal del caso dio un golpe de timón.

A través de dos resoluciones y considerando “la gravedad de los hechos y antecedentes que aparecen en la investigación (…) y para el éxito de la investigación, más la gravedad de los hechos que han surgido a través de la investigación, esta fiscalía estima necesario suspender de sus funciones, como medida preventiva al mencionado funcionario”, dice en dos documentos, por medio de los cuales, tanto José Antonio San Martín, como Raquel Hernández Hermosilla, quedaron suspendidos de sus funciones. Además, se les informó a ambos que estaban en calidad de inculpados.

Con el ojo de la fiscalía puesto en las jefaturas, y con varias funcionarias que declararon en contra, el caso se tornó un secreto a voces dentro del hospital. Dos jefaturas de pabellón suspendidas de sus funciones, no era algo menor.

EL LOBBY DE LOS FUNCIONARIOS SUSPENDIDOS

Los funcionarios suspendidos contrataron abogados para su defensa. Fue así que el día 21 de octubre de 2016, cuando acumulaban casi un mes alejados de sus funciones, y por medio de sus abogados defensores, ambos funcionarios presentaron cartas y correos electrónicos de los equipos de maxilofacial y el departamento de odontología, la unidad de otorrino laringología, el departamento de anestesiólogía, equipo de enfermería de pabellón y por técnicos en enfermería del pabellón, entre otros, quienes entregaron de manera unánime su apoyo a los profesionales suspendidos.

Las cartas iban dirigidas al Doctor Ramiro Zepeda, quien en ese entonces estaba al mando del hospital, y eran -claramente- una demostración de fuerza por parte de los inculpados.

Asimismo, los abogados intentaron detener el sumario, arguyendo que la fiscalía había incurrido en faltas, y que terminó investigando hechos que escapaban de sus facultades, y del motivo inicial de la investigación: una agresión entre jefaturas.

Nada de eso surtió efecto. El 4 de octubre de 2016 se les informó a los profesionales que en virtud de los graves hechos por los cuales eran investigados, se mantendrían suspendidos de sus funciones, toda vez que “en resolución exenta número 315 del 8 de febrero de 2016, del señor Director del Hospital El Carmen que ordena instruir sumario administrativo a objeto de investigar los hechos antes referidos así como cualquier otro hecho ilícito que aparezca en el curso de la investigación, cualquiera que sea el funcionario de éste establecimiento a quien pueda serle imputable”.

Lo peor estaba por venir.

Tiro de gracia: El dictamen final

Fue el día 16 de diciembre de 2016 que la fiscalía evacuó su dictamen final. En un contundente documento, donde se señalan todas las diligencias realizadas, y las acciones ejecutadas, se decidió sobreseer a Paula Rivera, matrona involucrada en los hechos iniciales. Rivera renunció al Hospital el 1 de octubre de 2016, a pesar que la unidad que encabezaba, es –por lejos- una de las mejores evaluadas de todo el hospital. Cercanos a la matrona sostienen, que “todo el problema con el enfermero Juan Antonio San Martín la dejó sumamente desgastada”.

Además, nunca se logró acreditar bien que pasó el día 18 de noviembre de 2015, toda vez que los testimonios se contradecían entre sí.

Finalmente se sostiene en el fallo, que a la sazón de la investigación se descubrieron pérdida de estupefacientes en el Servicio de Pabellón; pago de horas extras a funcionarias que no las están realizando; desconocimiento de administración de fármacos; ocultamiento de hechos graves que ponen en riesgo la vida de los pacientes; discriminación en la distribución de cursos y capacitaciones; incumplimiento de protocolos, robo de insumos y ausencia laboral.

A ello se le agregó “el incumplimiento de la medida preventiva de suspensión de Raquel Hernández, quien en reiteradas oportunidades frecuentó el servicio de pabellón luego de ser notificada de aquella medida (suspensión)”

Asimismo, el fallo tenía carácter de urgente, toda vez que el día 17 de octubre de 2016, se acercaron un grupo de enfermeras, cuyos nombres se decide omitir, pues desde que el sumario cayó en manos de los acusados, se produjeron filtraciones, y con ellos comenzaron a sufrir amenazas y acoso por parte de sus colegas.

A raíz de lo investigado se sugiere realizar “auditoria de insumos clínicos de pabellón, relacionado específicamente con lo entregado por abastecimiento y lo utilizado durante año 2016 y 2015”.

Además, se pide realizar “auditoria a medicamentos, haciendo énfasis en aquellos que son de uso restringido, incluido aquellos utilizados en carro de paro”.

Finalmente se enumeran solicitudes de inventario en la farmacia interna del pabellón; control de inventario del instrumental quirúrgico de pabellón; solicitar manual organizacional y de funciones de pabellón; solicitar perfiles de cargo de pabellón y los concursos realizados; análisis de licencias médicas de funcionarios de pabellón, identificar aquellas que tienen diagnósticos relacionados con stress laboral; revisión de movimientos de personal de pabellón durante el último año; revisión de horas extras realizadas por personal de enfermería de turno diurno, relacionados con carga de trabajo, entre otras medidas.

El sumario terminó por decretar la destitución de Juan Antonio San Martín y Raquel Hernández y de absolver a Paula Rivera, matrona, quien no vio comprometida su responsabilidad administrativa.

Sumario Hospital El Carmen: ¡EXTRAVIADO!

El sumario, que está íntegro en poder de La Voz de Maipú, es claro en señalar que tanto San Martín como Hernández serían destituidos de sus cargos. Sin embargo, algo pasó en el camino.

Hacía fines de diciembre de 2016, el Director del Hospital, Doctor Zepeda, renunció a su cargo. Sin embargo –aseguran desde el Hospital- “dejó firmadas las destituciones de los funcionarios”. Lo que quedaba, en ese caso, era enviar el sumario al Servicio de Salud Metropolitano Central, a cargo del PPD, Doctor Jorge Martínez y a la Contraloría, para que esta tomara razón.

Nada de ello sucedió. El sumario –hoy por hoy- se encuentra en calidad de extraviado. Algunos dicen que se habría perdido desde la oficina de Verónica Navarrete, Subdirectora Administrativa del Hospital, y cercana al Doctor Jorge Martínez.

Teorías aparte, lo cierto es que los funcionarios que debían ser destituidos fueron, a las semanas, reintegrados en otros cargos dentro del hospital.

Desde sus nuevos puestos laborales, caminan incólumes, dando muestra fehaciente, que en el Hospital El Carmen de Maipú las cosas no se están haciendo bien. Varios de quienes se animaron a hablar en el sumario, hoy no quieren hacer declaraciones. Los menos aseguran que tienen miedo, pues la nueva administración “demostró que no está del lado de los trabajadores. Acá se hizo un sumario en serio, nos sentimos escuchados. Entonces que estos personajes hayan vuelto al hospital, encontrarlos en los pasillos y ver que nos miran y se ríen, es una burla para nosotros como trabajadores”, comentan.

Hoy cuando Marianela Rubilar termine su cuenta pública y las luces se apaguen, será el momento de pedir explicaciones a su subdirectora administrativa. ¿Por qué un sumario que tenía fallo no fue enviado a la contraloría? ¿Quiénes están detrás de este hecho que constituye delito? ¿Por qué no se han denunciado los delitos que aparecen en el fallo?. Las preguntas serán muchas, y las respuestas deberán ser convincentes. Después de todo y al final del día, lo que está en juego, más allá de la lucha de poder, es la salud de la población más vulnerable de nuestra comuna.