Opinión: #NoTeMetasConEstaChusma: Discurso y marcha de la Confepa

27 octubre, 2014
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Por Nicolás Copano; Conductor de TV y Columnista

“Soplan tiempos de cambio”, rezaba el slogan de Joaquín Lavín en 1999. Años más tarde, calza perfecto: por primera vez, desde el retorno a la democracia, están en debate intereses económicos. Y no se trata de un ataque a la libertad de una persona para formar una empresa (todos tenemos derecho a poner un supermercado si se nos canta) sino de tratar a la educación como un producto, profundizando la división social de nuestro apartheid, lo cual convirtió la educación en un privilegio.

Como sabemos, en encuestas y en las urnas, los chilenos hablaron: quieren que la educación deje de ser un bien de consumo. Que se deje de pensar desde la especulación con sus hijos y tenga una vocación más allá de la emisión de una boleta por servicio. Para eso hay que dejar de tratar la educación como la construcción de nichos comerciales disfrazados de “proyectos educativos”. Para armar nuevos negocios, hay espacio de sobra en varios mercados, como las franquicias de comida rápida, la venta de zapatos o la creación de aplicaciones de internet. Todas esos emprendimientos no hacen provecho de una carencia social del otro, que es la forma en que los chilenos han redefinido el popular concepto de “lucro”.

Para explicarles a quienes todavía no comprenden y exageran para defender la competencia en todos los campos de la vida (cuestión que humanamente agota mucho) todo esto es muy simple: uno puede decidir si compra o no una polera o decide llevar una tostadora. Pero no puede elegir si sus hijos pueden tener o no educación o salud. No se puede optar al “mejor no”. Por eso hay que ser muy cuidadoso cuando se usa el concepto de “libertad”: una familia de escasos recursos no tiene la libertad de elegir donde pueden estudiar sus hijos, sino, por supuesto, los tendrían en los mejores colegios de Chile. Tampoco la clase media que debe elegir entre etiquetas vacías. En ambos casos, sólo eligen (y eligen pagar) por la ilusión de acceder a escuelas cuyos nombres y uniformes se asemejan a los de las clases altas, con apellidos como “College” o “School”.

La CONFEPA (Confederación de Padres y Apoderados) es el organismo articulador del miedo. Nadie los eligió ni nadie sabe cómo se financian. Todo ha surgido de forma artificial. En lugar de aglomerarse distintos grupos hasta hacerse lo suficientemente ruidosos, sólo bastó un par de voces para que llegaran muchos medios y de ahí capturaran –como si se tratara de un infomercial– eventuales víctimas del potencial cambio de costumbres. Tienen en circulación más spots en la radio que varias marcas de celular. Se armaron hace un año (vean los registros de NIC en Internet) y han asumido como propia la defensa de padres y apoderados de colegios particulares subvencionados, en una complicidad inédita con los sostenedores de las escuelas.

¿Cuál es la estrategia de la CONFEPA? La misma que usan los partidos políticos. Llevan “expertos educativos” a los colegios, los cuales son anunciados a través de circulares en reuniones de padres y apoderados. En estos encuentros se satanizan los cambios y alimentan los mitos, como veremos más adelante. Es un trabajo de base, que apela a los valores de una clase media desprotegida y endeudada que teme perder lo que ha obtenido con mucho esfuerzo. A su vez, en vez de alimentar la cohesión social y el diálogo para mejorar las reformas, intentan alimentar el “sentirse distinto” de los que tienen menos y por tanto temer de la idea de “mezclar los niños”. Quieren crear una guerra de “nosotros o ellos”.

Ahí está el gran punto negro de la CONFEPA, organización que pudo haber sido una genialidad, quizá la esperanza de la derecha para las próximas elecciones. Pero no lo logran, pues fallan por lo mismo que han fracasado en otras instancias en contra de los movimientos sociales. Sus argumentos son fácilmente desmontables, como una construcción de Lego y subestiman a las personas: no las quieren, porque las ven como meros consumidores, no como humanos parte de una comunidad. Los transforman en un número: los desprecian tanto que creen que no existen cámaras ni registros en redes sociales, para mostrar acarreos e incentivos que recibieron muchos para asistir a la marcha como se vio el fin de semana.

La CONFEPA podría ser una organización para mejorar la reforma educacional en nombre de los padres, pero se instala en la lógica persecutoria sobre el “distinto” más propia de Doña Florinda, mandando a Quico a no juntarse con esa chusma, que de una organización seria como Educación 2020.

Desmontemos el Lego. Leamos lo que reiteran una y otra vez con una simpleza carente de profundidad que aterra hasta al más mínimo de los sentidos comunes. Goebbels estaría orgulloso.

La primera pieza es el famoso “nivelar para abajo” que repiten en todos lados. El lenguaje construye realidad: “nivelar para abajo” es decir sin decir “soy el que está arriba y los niños que no están aquí, no están arriba como los míos”. Un fuerte insumo para el clasismo, que más encima miente de manera descarada: el 50% de los colegios con más bajo resultado en el Simce ES SUBVENCIONADO.

Explotan el miedo a la pobreza. El miedo a descender del ascenso social. El miedo a ser “ese otro que no nos gusta, no se viste como nosotros, no vive como nosotros” que impulsa muchas compras en la clase media. Sinceramente, pienso, son carentes de maldad, porque buscan a través del esfuerzo algo mejor para sus hijos. Mientras tanto, otros están impulsadas por el temor y la competencia descarnada. Por esto, es fácil bautizar a un condominio “Lomas del Viñedo” para atraer compradores, aunque estén al lado de una población es una gran salida para construir una identidad comprable.

Esa identidad es una forma de sentirse fuera del Far West con algo que se parezca (aunque no sea) a lo que tienen los que más tienen, pero al primer temblor (económico o físico) se resquebraja. Son grilletes de deudas para sobrevivir a la injusticia de haber cumplido con el acuerdo tácito que hacemos todos los días en la sociedad chilena sin red de contactos: “Soy honesto. Tengo una familia. No le hago daño a nadie. Aún pago mi casa. ¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué me roban? ¿Por qué no me cubre la ISAPRE? ¿Qué les hice PARA TENER ESTA JUBILACION MISERABLE?”. El relato salvaje de Chile alimentado por políticos torpes y por la anti-política: un país sin compromiso con el otro.

Con los años, esas villas de verdes pastos al principio, tienden al abandono y llega el modelo de negocio de la seguridad pagada. Se los digo porque yo crecí en Villa El Alba, en La Florida, paradero 23. Estábamos llenos de ofertas de guardias para cuidar nuestra casa que mi viejo pagó por más de 15 años con el sudor de su frente. O sea, no solo tenía que pagar SU CASA, sino también otra deuda que en Chile debería analizarse. Se supone que ya estamos pagando a la policía ¿tengo necesidad de otra policía privada? ¿Qué pasa con la justicia? No se puede dejar de comprender la rabia de esos padres si los extorsionan con la idea de cerrar el colegio de sus niños. Y ahí vamos a la siguiente pieza del desmontaje: el mantener el miedo.

La marcha de ayer, como lo demuestra el resultado del SIMCE abusó del temor y la desinformación a tal punto que había un cartel que decía “No al lucro”. O sea, muchos no sabían porque estaban ahí. Había una sola razón válida: cuidar a sus hijos de un fantasma.

Pero los fantasmas no existen. Lo aclara Educación 2020 en sus documentos: no hay motivos para cerrar colegios.

El proyecto de ley ofrece mantener a los sostenedores de escuelas en el sistema con 3 opciones:

1.- Comprar con cargo a la subvención en plazo de 25 años
2.- Pedir un Crédito con Aval del Estado
3.- Utilizar un fondo estatal.

Lo que aterra a muchos sostenedores es que se les exija que los colegios sean dueños del terreno e infraestructura, para que no pongan un estacionamiento (por ejemplo) de un día para otro en ese lugar y se respete la educación de los niños.

Es decir, son desafiados a demostrar si realmente hay vocación de enseñar y no comerciar con la comunidad educativa. Si no, como alternativa estará el sistema público que muchos exigimos ver fortalecido para que exista integración y se termine de una vez por todas el apartheid silencioso que vivimos en Chile. Que los colegios públicos, puedan ser herramientas para la integración de la comunidad, para disfrutar de la riqueza de la diversidad, y no sean “la peor alternativa” como lo es hoy sin infraestructura ni cuidados reales. Yo sinceramente quiero que mi hijo vaya a un colegio público y conozca gente de todos lados y que su esfuerzo y mérito lo construya a él y a sus compañeros. Muchos creemos lo mismo de corazón lo mismo. No podemos ser relativos frente a eso.

Es todo tan simple amigos de la CONFEPA que voy al último punto. El más brutal de todos. Esto tiene que ver con el odio que siembran y que es evidente en las declaraciones que lanzan los que marcharon. La más increíble, en La Tercera hoy, es de Loreto Guzmán, una apoderada que declara “no me gusta esta reforma, porque los niños están mezclados”.

Tal como la CONFEPA utiliza, también es utilizada para orquestar a esos elementos que hoy saben que no tienen hegemonía discursiva. Ya no tienen control de los medios. Ya no pueden decir algo sin que se les puedan discutir. Si censuran, se les puede desnudar por redes sociales. No nos pueden mirar más por encima del hombro. Y he ahí una larga lista de clasistas, racistas, nacionalistas, homofóbicos que encuentran en la marcha el discurso común, otra vez, del “son ellos o nosotros”. Tan parecido a lo de Labbé de “esto fue una guerra”, cuando esto no es una guerra: acá estamos hablando de niños.

Nadie puede tratar a los niños como mercancía. Esto no se trata de un partido de futbol.

La forma de evidenciar esto es que hasta con su causa, compiten. Y nadie está corriendo contra ellos. Nadie. ¿Cuál es el discurso público de los afines sobre la marcha de ayer? Carlos Cruz-Coke Carvallo lo dice claramente: “Se puede protestar sin romper, sin quemar, sin agredir, sin odiar. Se puede ejercer derechos sin destruir el derecho de otros. Se Puede”.

Carlos y sus amigos vienen a dar lecciones desde su púlpito a los chicos que protestan con un departamento en contra en la vida, a las familias que están acogotadas y asustadas viendo como sin futuro se acumulan chicos en las esquinas, sin salida alguna. Ellos deben tener muchas más respuestas sobre como criar a un “Ni-ni” si saben tanto. Lo raro es que nunca las dan.

Ojo con los mensajes que sostienen un “ellos o nosotros”. En las marchas estudiantiles los destrozos eran generados por una minoría muy marginal. ¿Por qué la CONFEPA y sus afines siempre buscan la lógica de la superioridad moral? ¿Dónde encargo eso?

Ese ejercicio es tan básico como cuando dicen “todos los que tienen colegios son delincuentes”. No. Hay gente buena con proyectos que valen la pena. Hoy, por supuesto, se ven menos frente al abuso horrible al cual hay que poner orden. Pero no nos engañen: está bien claro quienes construyen realidad y tienen los medios para hacerlo. Goliat no es David estimados.

Lo vacío da para decir cualquier cosa. Y para finalizar y demostrarlo me quiero quedar con una de las palabras claves de los voceros de la marcha que es CALIDAD. La Confepa proclama la siguiente afirmación “No se dice nada de la CALIDAD”. Al estar absolutamente carente de propuestas para mejorar el asunto repiten el discurso una y otra vez para construir una sensación. Es tan malo el argumento de “no se ha dicho nada” que se podría anular bautizando como CALIDAD al edificio del ministerio de educación y ya está: en base a eso, hay calidad. Pasaría automáticamente a existir. ¿Vieron que se puede dar entidad a cualquier cosa en base al lenguaje? Es como decir PERRO o PARAGUA. “No han dicho nada de PERRO” o “No han dicho nada de PARAGUA”. Y quedamos igual.

Y es que quizás la CONFEPA quiere que todo siga igual. Probablemente no confían en los cambios y tienen derecho a no creer. O tal vez piensen que hay que marchar a favor de la colusión la semana que viene para que nadie se enoje mucho. Son libres de ser fatuos. Es legítimo: vivimos en democracia y se puede. Miren qué linda es la democracia. A mí me encanta. Lo que no es legítimo es que ellos no permitan que su discurso sea analizado y acusen ese intento como un acto de odio e intolerancia. Eso es pensar que todos somos bobos.

Por favor. Quienes no toleran que haya una sociedad inclusiva ya sabemos quiénes son. Queda claro de qué lado están cada vez que tratan de dar una lección al país desde la vereda del “yo”, el “yo quiero” y el “a mí”. El “así (¡YO!) no la quiero” es una expresión de eso.

Sería bueno que tuviesen una propuesta e hicieran presión. Que pudiésemos ver sus ideas. Por mientras, sigo en el Waissbluthismo. Busquen en Google El Plan Maestro también. Hay mucha gente aportando.

Es que como dijera la esposa del reverendo Alegría en Los Simpson, “¿alguien quiere pensar en los niños?”

PD1: Yo no debería hacer esto. Recibí varios intentos de amedrentamiento por mis opiniones en redes sociales. Quizá sólo me corresponde atenerme a contarles lo que pasa. Pero, ¿saben?, prefiero no ser relativo moralmente. Esto me tocó el alma. Yo vi a los papás de mis compañeros y a los de mis amigos del barrio reflejados en esa marcha. Los vi asustados. Yo me vi a mí mismo cuando chico, estudiando en dos colegios particulares subvencionados, sin conocer a quienes estaban en el colegio municipal al lado mío. Yo no quiero eso para mis hijos. Prefiero que me den (como vi a diputados cómplices y activistas del odio por Twitter) por decir lo que pienso, para que algún día se sientan mis niños se sientan orgullosos de eso.

PD2: Pueden copiar libremente esta columna en sus chats, blogs o donde quieran. Si desean tomar alguna de estas ideas, son suyas. Construir una reforma para los chicos del futuro, para que no pasen lo de nosotros, no es competencia. Es aportar, creo yo, desde esta humilde posición, a un mejor país. Cualquier cosa o dato que aportar escriban a mi correo: [email protected]

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