Opinión: ABORTO, El Silencio de los Inocentes

12 junio, 2014
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La discusión sobre el aborto se da en un contexto de frenesí del gobierno en donde, en paralelo, se tramitan las reformas tributaria y educacional. Sin embargo, el aborto no es un tema que se limita a la técnica o a los recursos, sino más bien se discute sobre cómo valoramos la vida como sociedad.

Cuando se habla que el aborto debe legalizarse, ya que los ricos lo practican, entonces, por un tema de igualdad, debiese legalizarse para los pobres. Si aceptamos este argumento tenemos que considerar todas las prácticas que se realizan en la sociedad y considerar la legalización o ampliación para el resto. Por ejemplo, dado que en las poblaciones pobres el narcotráfico es común, y se practica normalmente, entonces ¿debiese legalizarse las drogas y el narcotráfico para toda la sociedad?, si en los sectores vulnerables el maltrato a la mujer es común y aceptado ¿Entonces debiese ser tolerable para toda la sociedad? Claramente no, lo que debiese priorizarse es la fiscalización y aplicación de la ley, perfeccionarla para que ningún ciudadano pase por encima de ésta, y mucho menos para que alguien pueda atentar contra el derecho a la vida de otra persona.

También escuchamos las consignas de que la mujer es libre y puede hacer lo que desee con su cuerpo. En un estado de derecho la mujer es tan libre de hacer con su cuerpo lo que desee; al igual que todas las personas; siempre y cuando el ejercicio de su libertad no perjudique la libertad de otro, y en el aborto se está perjudicando y eliminando la libertad y vida de otra persona; o a lo menos la posibilidad cierta de cometerlo, lo cual es aún más grave ya que deliberadamente aceptaríamos el hecho de que podemos equivocarnos, y matar a alguien, al cometer aborto.

Un tercer argumento dice que la legalización del aborto vendría a solucionar un problema de salud pública producto de los procedimientos clandestinos que terminan mal. Existen dos hechos que desbaratan que en Chile existe un problema de salud pública, el primero es que en términos de mortalidad materna, Chile es uno de los países con menor mortalidad en la región, y a nivel mundial los países que tienen una política abortiva restrictiva como Polonia, Malta e Irlanda poseen niveles bajos de mortalidad maternal en sus respectivas regiones, en contraste con los países que permiten el Aborto como Dinamarca, Holanda o Noruega. El otro hecho es que en Chile, los grupos proabortistas dicen que existen cerca de 150 mil abortos clandestinos, lo cual es calculado a través de una metodología dudosa, ya que se estima de los ingresos clínicos producto de las complicaciones de un aborto clandestino. Uno de los estudios más serios respecto a la clandestinidad de los abortos en Chile, fue hecho por el Dr. Elard Koch quien estima que en Chile se producen aproximadamente 5 mil abortos inducidos al año, una cifra muy inferior a los países que actualmente tienen el aborto legalizado, como Estados Unidos.

Un cuarto argumento es que al obligar a una mujer el tener un hijo esto significaría un empeoramiento de las condiciones socioeconómicas tanto de la madre, como para la calidad de vida de ese niño. La vida humana no puede supeditarse a un valor que aumente o disminuya la calidad de vida de las personas, de lo contrario, entonces la vida de una persona se volvería prescindible ante la necesidad que tenga cualquier otra persona. Este argumento, que por encima suena lógico y “humano”, en la práctica relativizaría el valor de la vida en función de las necesidades de las personas, es decir, se podrían justificar la existencias de personas de segundo, tercer y cuarto grado que serían prescindibles ante la necesidad de alguien de grado mayor, dando pie a una esclavitud del siglo XXI o argumentar que ciertas “personas” no serían humanos y por lo tanto deberíamos extinguirlas ¿Suena similar a algún evento ocurrido en la historia reciente?

Un quinto argumento que los proabortistas levantan es el de afirmar que el feto no es persona. Desde el ámbito científico no existe una unanimidad respecto al inicio de la vida, por tanto toda la discusión que se plantea en torno a si es mejor abortar a las 4, 8 o 12 semanas están basadas en teorías que eventualmente podrían refutarse, sin embargo a diferencia de las teorías económicas o politicas en donde refutar una hipótesis no implica más allá que el de generar nuevos conocimientos, demostrar la falsedad de una teoria que dice que desde las 4, 8 o 12 semanas aun no empieza la vida significaría que miles de inocentes murieron sin justicia ni derecho a vivir. Es la vida en sí misma la que se juega en el aborto, la cual algunos no temen en equivocarse en las semanas o días desde donde es posible abortar, mientras que otros; el cual me sumo; optamos por no arriesgar vidas innecesariamente hasta que la ciencia tenga una unanimidad respecto al inicio de la vida, y optamos por un principio precautorio, ¿Acaso abortar ante una incertidumbre no es lo mismo que disparar una escopeta en un cuarto oscuro sabiendo que existe una posibilidad de matar a alguien?

Uno de los últimos argumentos que se levantan es que el aborto debiese ser abordado solo por mujeres, ya que se tratan de sus cuerpos y situaciones que los hombres jamás podrán experimentar. En una sociedad moderna que se valora la vida y el derecho, también se valora la igualdad de género y por tanto las discusiones no pueden segregarse al género, pues de lo contrario los hombres padres no tendrían derechos sobre sus hijos, si es que llegase el caso en que una madre quisiera abortar y el padre no, desconociendo absolutamente los derechos de los hombres sobre sus hijos.

Antes de terminar me gustaría referirme a una situación que, ante la relativización de la vida en función de la decisión de la madre, pudiese ocurrir. Como es posible que ante un mismo caso de embarazo, en igual tiempo de gestación, en un caso exista una vida y en otro caso no lo exista. Qué pasa con una mujer que decide tener a un hijo pero que se droga desde antes del embarazo, con las consecuencias gravísimas para el niño que nacerá si continua haciéndolo, acaso se le debe permitir seguir drogándose ya que es libre de hacer con su cuerpo lo que desee ¿Debemos permitirlo? ¿Por qué existe una vida en un caso y en el otro no?

Para terminar es importante decir que en Chile no es necesaria una ley de aborto, pues la ley permite intervenir una madre que está en peligro de muerte, a pesar de que producto de esa intervención el feto muera, pues en nuestro país lo que está penalizado es cualquier acción que vaya directamente a la intervención del feto. La realidad avala la ley actual al no tener ningún médico perseguido por la justicia chilena por tratar de salvar a la madre, y consecuencia de ello se produzca el aborto del feto.

Relativizar la vida humana produce situaciones en donde se generan seres humanos que eventualmente no tendrían los mismos derechos y libertades que otros, generando personas de segundo y tercer grado, prescindibles si las condiciones lo ameritan. Existen varias formas de relativizar una vida, y no valorándola en sí misma como un valor absoluto e inherente al humano. Por ejemplo asumiendo que si los ricos lo practican, entonces los pobres deben hacerlo; cuando por el hecho de que un feto necesita de una madre para nacer, entonces la madre tiene el derecho de decidir por su vida; cuando por condiciones socioeconómicas se decide abortar ya que es mejor tener menos personas pobres; cuando decidimos que una vida lo es por tecnicismos legales, desconociendo la naturaleza y valor en sí mismo que ninguna ley puede modificar; o cuando aducimos que si nuestros países vecinos están avalando el aborto entonces nosotros debemos seguir ese camino.

Si los ricos lo practican, entonces reforcemos las fiscalizaciones y la ley; si las personas ven en peligro su condición de vida producto de una nueva persona entonces el estado debe asegurar que las dignidades de las personas no se vean comprometidas, ayudándolas a salir adelante; si una vida es producto de una violación, no traspasemos la culpa del delito al feto con su muerte, sino protejamos y ayudemos a la madre violentada, y culpemos y sanciones al perpetrador de uno de los delitos más detestables de la sociedad.

El compromiso con la vida implica promover cualquier política pública que vaya en mejorar las condiciones socioeconómicas, culturales y políticas de las personas y sociedades, ya que es mucho mejor atacar los problemas desde su causa, y no atacar la consecuencia de malas políticas publicas y utilizar el camino más fácil: Aprobar el Aborto y Exterminar una vida.

Diego Álvarez Osorio

Presidente de la Juventud UDI de Maipú

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3 comentarios

  1. Hola Diego. Te comparto una columna escrita por una “ex provida”, que opinaba lo mismo que tú, y con las mismas buenas intenciones. La columna trata de cómo ella se dio cuenta que legislar en contra del aborto no protegía en nada lo que ella quería proteger. Es muy buena. Saludos!

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