Maipú no se olvidó de la ex Presidenta: Bachelet obtiene 65,7% de los votos en la comuna

1 julio, 2013
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En total 55.398 maipucinos fueron los que se acercaron a los diversos locales de votación para sufragar en las primarias de la “Nueva Mayoría”. En tanto para las primarias de la Alianza, la cifra apenas alcanzó a los 15.376 electores.

Y Bachelet demostró que –en Maipú- al igual que en gran parte del país, su recuerdo sigue intacto e inmaculado. No obstante lo anterior, el 65,70% de los votos de Bachelet obtenidos en nuestra comuna, es más bajo que el que alcanzó a nivel nacional, donde se empinó sobre el 73% de las preferencias.

Siguiendo la tendencia, Andrés Velasco también dio la sorpresa en Maipú, 9.597 sufragios lo situaron segundo, con un 17,32% de los votos. Más atrás quedaron Claudio Orrego con 5.671 preferencias (10,23% del total) y José Antonio Gómez con 3.733 votos (6,73%).

GRÁFICO ELECCIONES PRIMARIAS “NUEVA MAYORÍA”

grafico_concertacion_maipu

Andrés Allamand, lo dijo en su discurso donde reconoció -a regañadientes- su derrota. En comunas “populares” como Puente Alto y Maipú, el triunfo fue de él. Y no se equivocó. En nuestra comuna Andrés Allamand alcanzó los 8.290 votos, versus 7.086 de Longueira.

GRÁFICO ELECCIONES PRIMARIAS “ALIANZA”

grafico_alianza_maipu

 

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2 comentarios

  1. pense que aqui eramos mas leales a la dc que desilusion esto debe tener una explicacion pero cual sera? lo que si claro la udi no pega para nada

    Reply
  2. Por Mónica Mullor (periodista española que visitó Chile recientemente)

    En mi reciente estancia de mes y medio en Chile –coincidiendo con las
    elecciones municipales, observé que la izquierda de todos los sabores
    y colores alberga la esperanza de que las próximas presidenciales las
    gane la ex presidenta socialista Michelle Bachelet. Es éste un
    pronóstico que se da por seguro desde la izquierda y también desde el
    centroderecha.

    Así las cosas, y curiosamente impulsada más por su ausencia que por su
    presencia en el debate político, Bachelet pareciera encarnar a la Gran
    Mamá del pueblo chileno, capaz de hacer realidad todos los deseos
    imaginables y poner la casa en orden, luego de los “desastrosos” años
    de gobierno de Sebastián Piñera, caracterizados por un gran
    crecimiento económico, los bajos índices de cesantía, las grandes
    reformas en educación, la lucha contra la pobreza extrema y las
    medidas en favor de la mujer; es decir, por las reformas que Bachelet
    no acometió en sus años de gobierno.

    De vuelta en Madrid, y reflexionando sobre mi estadía en Chile, me
    quedo con lo mejor: allí los derechos van ligados a los deberes y se
    potencia el espíritu emprendedor. Los chilenos tienen conciencia de
    que todo cuesta, porque, por ejemplo, ni la universidad ni el sistema
    sanitario son gratuitos. Chile es un país que funciona y los chilenos
    parecen contentos con el gran progreso que están experimentando. Yo
    también.

    El contagioso optimismo de los chilenos se desvaneció rápidamente
    cuando me reencontré con la desesperanza que agobia cada día más a los
    españoles. El desempleo no para de crecer y ya supera los 5,8
    millones; el 52% de los jóvenes no tiene trabajo, 1,7 millones de
    hogares tienen a todos sus miembros en paro. No sin razón, en lo que
    va de año en Madrid se han celebrado ya más de 3.000 manifestaciones,
    autorizadas o no.

    Este es el resultado de los años locos de España, de cuando estuvo
    gobernada por un colega socialista de Michelle Bachelet. ¿Lo
    recuerdan? Su nombre es José Luis Rodríguez Zapatero, que tiró la casa
    por la ventana e hizo que se olvidase la relación existente entre
    deberes y derechos, entre esfuerzo y resultado. Su política de
    promesas a destajo, de ofrecer múltiples derechos a la ciudadanía,
    como si fueran maná caído del cielo, hizo que España llegara a la
    situación en que está ahora: endeudada, embargada y desacreditada.

    En tiempos de bonanza económica, el colega de Bachelet permitió que en
    España se inflaran muchas burbujas, empezando por la crediticia y la
    inmobiliaria, que a su vez condujeron a una burbuja política,
    sustentada en la acumulación de ingresos tributarios de todo tipo.

    Los tiempos del despilfarro y del todo gratis de Zapatero dieron
    también lugar a la burbuja sanitaria. Todos los partidos políticos
    (sin excepción) coreaban al unísono que la sanidad pública sería
    siempre universal y gratuita, lo que condujo a un uso irresponsable de
    los recursos sanitarios.

    En el plano educativo, hace ya mucho que España optó por la vía
    populista argentina: universidad para todos y gratuita. Se apostó por
    la cantidad y no por la calidad, lo que llevó a la masificación de la
    educación superior, que abrió sus puertas a estudiantes poco
    preparados. Y así continúa hasta hoy la universidad española,
    navegando en un mar de mediocridad institucionalizada. Por eso no es
    de extrañar que España no tenga una sola universidad entre las 150
    mejores del mundo.

    En el ámbito de las infraestructuras, los políticos (con dinero de los
    fondos europeos) invirtieron miles de millones de euros en la
    construcción de aeropuertos sin viajeros, autopistas sin automóviles,
    palacios de congresos sin congresos, tranvías y trenes de alta
    velocidad sin pasajeros.

    Fueron los años del populismo desenfrenado del Estado de Bienestar, de
    la generosidad irresponsable del Estado y la inflación de derechos. Su
    efecto más dañino fue una concepción falsa del progreso como algo
    conquistado de una vez y para siempre. Todo era un engaño: los tan
    mentados derechos no estaban pensados para momentos de verdadera
    necesidad, cuando muchos pierden su empleo y caen en la indefensión.
    Solo podían pagarse en situaciones de bonanza económica, no en tiempos
    como los que vive España desde hace ya cuatro años.

    Resumiendo: el socialista Rodríguez Zapatero embaucó a los españoles,
    y ahora a España no le queda más que mendigar el dinero que precisa.

    Nadie sabe lo que Bachelet se propone realmente, pero los ávidos de
    derechos y los beneficiarios del clientelismo ya están golpeando la
    puerta. Su juego de diva ausente a lo Garbo le está resultando de
    maravilla, y tal vez le sirva para ser elegida. Pero tendrá un
    problema. Un día deberá también gobernar y aguantar el chaparrón de
    las ilusiones frustradas, especialmente entre el izquierdismo más
    militante, que ha crecido alentado por el izquierdismo moderado de la
    Concertación, deseoso de hacer ingobernable el país para que crezca la
    nostalgia por Mamá Michelle.

    La crisis de los países del sur de Europa, en especial la española, es
    una advertencia para Chile y los chilenos, un llamado a que no se
    dejen embaucar por argumentos populistas sobre las supuestas
    maravillas de los Estados de Bienestar.

    Reply

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