La Voz de Maipú

Maipú en las redes sociales #1 (o lo que se dice de la comuna en internet)

 

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Desde hoy inauguramos una nueva sección. Se trata de “Maipú en las redes sociales”. Una compilación semanal respecto a twits, posteos, fotos y mucho más. Un completo seguimiento de Maipú en las redes sociales. Lo que dicen los diputados, el alcalde y el vecino, te lo acercamos a tu pantalla. DISFRUTA

Nicolás Aravena

Nicolás Aravena (Maipú, Santiago de Chile, 6 de Agosto de 1983) es papá de 4 retoños (Luna, Maite, Ema y Facundo). Desde el año 2004, ha creado diversos medios de comunicación local en Maipú, Pudahuel, Peñalolén, Cerrillos y Cerro Navia, en formatos web e impreso. También ha participado en programas de radio, tales como “El Péndulo” y “La Cultura del Café”.

Fanático de las redes sociales, la fotografía y el diseño, ha vivido toda su vida en Maipú. Hoy divide su tiempo entre www.lavozdemaipu.cl, y Mono Manco, su agencia de Publicidad.

Fumador compulsivo, psicótico tratado y bebedor ocasional, se autodefine como "un tipo que hace lo que le place. No hay más. Tampoco menos"

comentarios

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  • Lo siento Sr Administrador de La Voz de Maipú pero muy fome el nuevo espacio…

    pense que realizaría un analisis de esos q usted sabe , de las copuchas que estan pasando en Maipucity

    en fin..

    Suerte en todo…

  • El pasado viernes 9 de marzo ha fallecido, en Maipú, don Mario Mallea
    Mallea, uno de los últimos exponentes de la generación histórica de
    criadores y corraleros de los años de 1950-1970. Sus funerales se llevaron
    a efecto en la Parroquia del pueblo que lo acogió desde sus primeros años –
    era oriundo de Melipilla – y en esa misma tierra de tantas glorias para la
    Patria fueron depositados sus restos. Don Mario ha muerto cuando ya frisaba
    los 95 años de edad.
    Don Mario Mallea no solo fue un gran corredor de la vaca – famosa fue
    aquella collera integrada por él y “su compadre”…el gran caballero y
    jinete don Ramón Álvarez – y se recordará por mucho tiempo ese precioso par
    de yeguas bayas que, además de muy perfectas desde el punto de vista
    morfológico, fueron funcionalmente extraordinarias: la Gustosa y la
    Talamera; sino fue, además, un brillante criador, y muchos de sus productos
    obtuvieron en la Quinta Normal y luego en la Fisa, numerosos premios y
    galardones de importancia.
    De origen muy campesino, más bien humilde (si cabe ocupar esta palabra en
    nuestro mundo huaso que jamás ha reconocido en su interior más distinción
    que la que concede el mérito personal), don Mario fue hombre a quien el
    destino le señaló por faena de vida la de labrar desde muy abajo una digna
    situación, que transmitió a sus hijos y nietos como legado de honor.
    Como criador de caballos chilenos, don Gonzalo Pérez Llona dijo en varias
    oportunidades de él: “lo que sucede con Mario Mallea es que no tiene la
    pupila de sus ojos como todos nosotros – redonda- él nació con pupilas que
    tienen la forma exacta del estándar de la raza…así… cuando mira un
    caballo desde lejos y le “dentra” en la mirada es porque es perfecto…si
    no”le dentra” porque desborda el contorno de sus pupilas especiales es
    porque no sirve para nada…”. Don Mario era un experto criador intuitivo,
    de finísimo gusto, refinado incluso con cierta exageración, y tanto en
    Melipilla como Maipú – en un tiempo de grandes desafíos y exigencias de
    todo orden – mantuvo inalterable su afición al caballo chileno a pesar de
    los duros contrastes de aquellos difíciles años que corrieron entre los 60
    y los 70.
    En esos años, gracias a un esfuerzo personal extraordinario, logró
    adquirir -premio superior de su vida – el mismo campo en que sus padres
    habían sido por largos años modestos inquilinos. Un campo de secano al sur
    de Melipilla llamado Ulmén. Sus padres aún vivían ya muy ancianos, y
    pudieron ver cómo su hijo llegaba a ser el dueño y patrón de la misma
    tierra en que había nacido y donde ellos habían formado un hogar pobre pero
    de gran distinción.
    Tres o cuatro meses después de adquirir su “Ulmén” querido, ese campo le
    fue expropiado sin razón alguna por la Reforma Agraria. Creyó morir. Quien
    escribe estos recuerdos recién había recibido su título de abogado con muy
    cortos años y, juntos, siempre muy juntos, iniciamos la defensa que, al
    fin, gracias a Dios resultó exitosa.
    Mis honorarios – ! ay…años de 1970 !… – fueron dos yeguas madres de su
    criadero que quiso obsequiarme: la Adecuada, por Estribo en la Pecho, y la
    Perversa, una hija del Quillaycillo B y de yegua chilena s.n. , con las
    cuales reiniciamos junto a dos o tres yeguas más heredadas de mi abuelo,
    don Luis V. Valenzuela, el criadero “Caballos de Valenzuela”, en Codigua,
    también desfalleciente por las mismas circunstancias.
    A pesar de la diferencia de edad que pudo separarnos, su amistad fue para
    mí la de un maestro excepcional y no sólo en materia de crianza de
    caballos… Su picardía huasa genuina – por qué no decirlo – fue también
    para mí fuente de grandes enseñanzas, porque en esa picardía de su viva
    inteligencia que no pudo recibir de la vida ninguna instrucción especial,
    se escondía el cara y sello de la antigua cultura campesina chilena que, en
    él, era riquísima y auténtica …
    Contemporáneos de él en el antiguo Maipú, fueron otros grandes criadores
    y jinetes excepcionales: don Pedro Juan Espinoza y sus hijos Pedro Juan
    (Pahuachito), Patricio y Ricardo; Don Leonidas Rosende; don Alberto Llona
    Reyes y su hijo Roberto; don Gonzalo Pérez Llona; don Oscar Díaz, dueño de
    la Carnicería “El Buey Lacho”; don René Letelier Santander; don Enrique
    Lobos; don Manuel Muñoz, de la Farfana; los hermanos Naranjo, René y
    Hernán, y los jóvenes jinetes de la Rinconada de Maipú, Universidad de
    Chile, entre los que despuntaba nuestro gran Profesor el entonces joven
    Eduardo Porte. Sin contar con otra pléyade de grandes huasos maipucinos
    como don José Saa, don Raúl Salinas, el gran Profesor de Literatura de la
    Universidad, don Mario Osses ( nada menos que autor del laureado ensayo de
    divulgación internacional “La Filosofía del Quijote”), don Pancho Grande,
    Francisco Sánchez, dueño del emporio “Para todos sale el Sol”…. y
    atrás… muy atrás… entre los chiquillos que esos grandes viejos
    formaron, y en cuyos corazones sembraron las mejores semillas de la
    chilenidad, aquellos niños de entonces entre los que tuve en dicha contarme.

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