Una de las fiscalizadoras de la Seremi de Salud dando explicaciones a los apoderados

Una de las fiscalizadoras de la Seremi de Salud dando explicaciones a los apoderados

La imagen es más o menos así: en las afueras del Colegio Kronberg College de Maipú están congregados un gran número de apoderados y alumnos. Reclaman que la directora no dejó entrar a los alumnos a clases, aún cuando la toma que llevaban a cabo para exigir mejoras sanitarias, se había depuesto la noche anterior.

 

Y si se depuso, no fue por mera casualidad, ni porque las exigencias de tener baños limpios y erradicar la plaga de palomas y sus heces esté subsanada. Lo hicieron pues ese lunes 5 de septiembre la Seremi de Salud de la Región Metropolitana, se haría presente con dos fiscalizadoras. Y para hacer la visita, se necesitaba que el colegio no estuviera tomado.

 

Así fue como llegaron las fiscalizadoras e ingresaron a un colegio que no estaba en toma, pero que no tenía alumnos. Adentro, además de profesores, personal de aseo y un representante de los apoderados, se encontraba Ruth Lagos, ex Directora y hoy sostenedora, junto a su hija Paola Lagos, actual directora. En las afueras los apoderados esperaban una respuesta, esperanzados en que la fiscalización de la Seremi, traería drásticas soluciones consigo.

 

Las horas pasaban y dentro del colegio se veía a auxiliares limpiando pisos, y se escuchaban movimientos de sillas. De pronto, las fiscalizadoras salieron raudas, con el fin de abordar la camioneta que les esperaba. Sin embargo los apoderados le comenzaron a hacer consultas. Ahí vino la desazón y el mal sabor. La impotencia de sentir que algunos están por sobre la ley.

 

Los apoderados esperaban que las clases estuviesen suspendidas, al menos una semana, con el fin de poder volver a un colegio limpio. Sin embargo las fiscalizadoras les señalaron que con el fin de que los niños no perdieran clases, podrían volver al día siguiente. La sostenedora se había comprometido a limpiar el piso del gimnasio y arreglar los baños en horas de la tarde. Sin embargo el tema de las heces de palomas y sus nidos, serían erradicados el fin de semana. Antes de que las fiscalizadoras entregaran la solución, diversos apoderados informaron a este medio que la dirección del colegio haría lo imposible por no suspender clases para no perder los dineros de la subvención.

 

Los apoderados interrogaban a las fiscalizadoras, quienes muy nerviosas intentaban explicar que en algunos días volverían a la escuela a ver que todo lo acordado se hubiese cumplido. En caso de no ser así, les decían, se tomarán medidas judiciales.

 

Una mamá le dice a la funcionaria del Ministerio de Salud que su hija tiene asma y que tendrá que enviarla a un colegio lleno de deposiciones de palomas. Otro apoderado les informa que hay casos de infección urinaria.

 

Sin embargo trasciende que, el colegio al haber estado en toma, permitió que la sostenedora culpara a los alumnos del estado de los baños. La indignación cunde. “¿Acaso los alumnos trajeron la caca de paloma?” pregunta otro apoderado. Algunos van más allá y les preguntan si vieron el casino, y la comida descompuesta en los refrigeradores. “No pudimos hacerlo porque no encontraron la llave”, contestan las funcionarias. Ahí la rabia aumenta de forma dramática. Los niños habían entregado el colegio apenas un par de horas antes, y aseguran que la puerta no tenía llaves. “Les metieron el dedo en la boca”, les dice una enojada apoderada.

 

Finalmente se logró comprometer a las funcionarias para que regresaran al día siguiente, con el fin de ver que lo comprometido por el colegio, estuviera listo. Sin embargo la visita dejó un mal sabor en los presentes. Esperaban que “las instituciones funcionaran”, pero -a juicio de ellos- esto no sucedió. “No podemos cerrar el colegio, porque no está funcionando normal, no hay alumnos”, les dice la fiscalizadora. Y como van a haber, si se les prohibió el ingreso apenas un par de horas antes.

 

PROXIMOS PASOS

Los apoderados exigirán que alguien del Ministerio de Educación se haga presente. Encuentran insólito que no se hayan tomado medidas más drásticas, pues desde la Red de Información y Alerta Toxicológica se les informó que el contacto humano con heces de paloma provoca tres enfermedades: histoplasmosis, criptococosis y psitacosis.