Suena el teléfono celular de la redacción de La Voz. Del otro lado una sostenedora de un colegio particular subvencionado de la comuna de Maipú llama preguntando nombres de quienes trabajan acá. Su hablar apresurado no permite interrumpirle. Está enojada y se le nota.

Nos quiere meter presos. Al menos eso deducimos cuando comienza a hablar de “sus abogados”, como si esa palabra nos intimidara. Nos dice que no teníamos derecho a ingresar a “su colegio” a tomar fotos de la inmundicia que nos encontramos. Intentamos explicarle que “su colegio” estaba tomado por sus alumnos y que ellos nos invitaron a pasar. Ella habla que eso no era una toma, sino más bien un asalto. Pero no se detiene ahí. Acusa que todo es un montaje; detrás de ella se escucha una voz que le provee ideas.

Sus argumentos son tan infantiles como decirnos que ella ha auspiciado con nosotros; cosa que no recordamos y que tampoco no nos interesa. Si alguien siente que por poner dinero en auspicio en nuestro medio está comprando silencios cómplices, les decimos fuerte y claro, se equivocó de lugar.

Y así sigue “la doña” diciendo que llamó al alcalde para acusarnos, como si éste pudiese tomar una varilla y venir a aleccionarnos. Habla de “que no estamos en tiempos de la UP” y así continúa con su monólogo del miedo.

Dice que toda la cochinada que encontramos en su antro (¿o era un colegio eso?) fue puesta por los mismos alumnos. Que los fiscalizadores encontraron perdigones en las palomas muertas que adornaban sus salas. Todo es mentira y hemos sido timados. La persona que ingresó al colegio, y que vio suciedad acumulada que ni en un mes es posible montar, fue engañada cual niña pequeña.

Ella está convencida que sus palabras lograrán amedrentarnos. Que su verborrea barata conseguirá que dejemos de estar al lado de los vecinos. Se equivoca. Lo único que consiguió fue que lográramos corroborar todo lo malo que de usted se dice.

Conocemos la ley de prensa y sabemos que no infringimos artículo alguno. Lo que nosotros hemos dicho, es lo que SUS apoderados dijeron y lo que NOSOTROS vimos. Sí, debemos reconocer que maneja muy bien el “don de amenazar”, pero se equivocó de personas.

Finalmente la conversación terminó con un mal chiste. Nos acusa de atacar el “PRESTIGIO” de su colegio, cuando los únicos que lo han atacado, son aquellos que lo convirtieron en un basural.

Ingresamos a la web del SIMCE para ver los resultados de su prestigioso colegio y nos encontramos que los resultados en lectura, matemática e historia y geografía, son todos “Más bajos que escuelas similares”.

Peor aún: sobre el 80% de los estudiantes de 4to básico no logran los aprendizajes esperados para 3ro básico en Historia y Geografía. En matemáticas más de la mitad de los niños de 4to básico no tiene los aprendizajes que se esperan para niños de 2do básico. Como se ve, el colegio tiene un “prestigio” muy bien ganado. Y es que si se hiciera un ranking de colegios particulares subvencionados que muestran la peor cara del lucro, esta escuela de seguro mostraría todo su prestigio, encabezando la lista.