Domingo , 19 Mayo 2013
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Entrevista a “Don Bruno”, un maipucino nacido en 1841

Entrevista a “Don Bruno”, un maipucino nacido en 1841

Portada Periódico "El Despertar"

Portada Periódico "El Despertar"

Introducción

Desde el 12 de febrero al 25 de marzo de 1928 existió el periódico “El despertar de Maipú”. En total se editaron 6 ediciones. Con un valor de 20 centavos, hoy es un documento de incalculable valor para hacernos una idea del Maipú antiguo.

En esta oportunidad les traemos una entrevista que es una joya. El 12 de febrero de 1928 El Despertar apareció con una entrevista a “Don Bruno”, un maipucino nacido el año 1841 quien tenía recuerdos de los españoles, entre otras historias en las que aparece hasta el demonio.

NOTA: Transcripción textual. En ese entonces se tildaban palabras que hoy ya no llevan tilde.

Hemos reporteado a uno de los más antiguos habitantes de Maipú

Tío Bruno nos cuenta anécdotas interesantes – Los godos tenían cola.  – El cementerio de soldados – La niña que se llevaba el diablo – Las velas de sebo – Una manda a la virgen del Carmen – Un antepasado de Don Manuel Jesús usaba chapecán 

Viejecito, bajo, pelo blanco, semi calvo, de fisonomía que nos hace recordar a su colega de oficio, el carpintero San José, es don Bruno González, uno de los más antiguos habitantes de Maipú, relacionado con la mayor parte de las familias fundadoras de este pueblo.

- ¿Cuántos años tiene Ud. Tío Bruno? – fué nuestra primera pregunta

- Nací el año 41.

- ¿De modo que Ud. Tiene ochenta y seis años?

- Algo así ha de ser, pues señor.

- Entonces Ud. habrá conocido algún veterano de la guerra contra los españoles

- Yo conocí a don Agustín Llona, que era español y me acuerdo que me contaba mi mama-abuela, doña Luisa Calderón, que los españoles tenían cola.

- ¿Y Ud. les vió alguna vez la cola?

- Nó. Yo no se las ví nunca, pero me acuerdo que cuando andaban a caballo siempre se sentaban de ladito; claro que era por la cola que tenían debajo.

También me contó la mama abuela que después de la guerra los españoles se llevaron a Buenos Aires a don Agustín en carreta, encerrado en un cajón, para que no lo descubrieran los patriotas. Pero poco después volvió y se hizo chileno. El sabía donde estaban los entierros de los godos.

- ¿Qué otros recuerdos tiene Ud. de aquellos tiempos tío Bruno?

- Aquí, a un cuarto de cuadra de las Cuatro Esquinas (Nota del editor: Ese espacio sería hoy Pajaritos con Cinco de Abril), para el oriente, están enterrados todos los soldados muertos en la batalla, tanto chilenos como españoles. Cuatro días se demoraron en acarrearlos a la zanja. Ponían una hilada de muertos y otra hilada de ramas, basta formar un montón grandazo, y le pegaban fuego. Hasta en la noche trabajaban alumbrados con las velas de sebo que en su carnicería fabricaba el finao Mariaga.

A Don Tadeo Macaya, tátara-abuelo de la Sarita Macaya, la señora de Ulogio, le hicían los españoles que no se arrancara d`estos campos, que se quedara con su familia no más; que los españoles no les harían ná

Como nó que no s`iba a arrancar, cuando las balas le zumbaban por los oídos; ni leso que hubiera sido.

Al otro día de la batalla sí que volvieron hasta las mujeres; me acuerdo me hicia mi mama abuela que una señora icía: no les tengan miedo a los muertos niñas, y les patraquiaba los bolsillos, y les sacaba montón de plata. Casi le daban ganas a ella de hacer lo mesmo, pero se le hizo pecao.

- ¿Y eran valientes los españoles?

- Harto bravos eran también y hasta se la estaban ganando a los chilenos; pero éstos hicieron una manda a la Virgen del Carmen de levantarle una iglesia si ganaban, y entonces vieron los godos que venía un montón grandazo de soldados y apretaron para correr pa las casas de Lo Espejo, donde se encerraron en las bodegas del fundo de Don Manuel José Irarrázabal, que ahora es de don Conrado Cuevas.

Y el montón de soldados que vieron los españoles no era tan grandazo sino que eran unos pocos chilenos que iban dea caballo, y los hicieron bolsa ahí mesmo.

Había sido un milagro de la Virgen del Carmen

- Mire tío Bruno, esta casa que hay al frente, donde vive don Tristán Valdés ¿es  del tiempo de los españoles?

- Nó, es de mucho después. Creo que la levantó un señor don Juan San Martín, que tenía una sobrina que todas las noches se la llevaba el Diablo para arriba de la loma y había que irla a buscar por la noche.

- Y esa es la pura verdad, le interrumpe doña Sara Macaya. Se le llevaba el Diablo para la loma y había que irla a buscar a la media noche. 

Otras veces la encontraban arriba del tejado, o entre las vigas de la casa. Esto tenía aterrorizada a toda la gente.

- Y al fin ¿se la llevó el Diablo definitivamente? le preguntamos nosotros

- Nó, después se la llevó el cura Ruiz Tagle, que vivía en Chuchunco, pasado la Pila del Ganso, para conjurarle y quitarle el maleficio. Era un sacerdote muy bueno y caritativo.

 

Después de escuchar estas espeluznantes revelaciones de hechos ocurridos en la casa en que vive el Alcalde de Maipú, nos asaltó repentinamente el temor de que pueda ocurrírsele al demonio volver alguna noche, tomar a Don Tristán en paños menores, arrastrarlo –como en otros tiempos a la sobrina del señor San Martín- y depositarlo en la loma, o al otro lado de la loma, en el vecino pueblo del Infiernillo, que por algo se llama así; seguramente ha sido alguna vez la residencia del demonio.

 

Aunque si tal ocurriera, es probable que a nuestro Alcalde lo sacaría de apuros, el prestigioso y caritativo vecino del Infiernillo, don Adolfo Adriazola. Pero seguramente don Adolfo se vería en apuros para librarlo de las garras del Demonio, para conjurarlo y sacarle del maleficio, operación que fué necesario hacer con la sobrina aquella.

 

- Mire tío Bruno. Y en aquellos tiempos cuando Ud. era niño ¿había peluqueros en este pueblo?

- Qué iba a haber, cuando no había ni agua limpia; todos teníamos que tomar el agua de las acequias, que había que colarla, echarle palas de luna y alumbre para que aclarara.

 

Los hombres no se cortaban el pelo, como ahora, hasta que fui guaina: me acuerdo que yo vi a muchos con chapecán. Y el último que usó chapecán fue Don Marcos Díaz, abuelo de don Manuel

One comment

  1. Segundo Sanhueza

    Felicitaciones por la publicación.
    En el libro “Ensayos de la historia de Maipú” (codeduc 1996) Existe un relato de similares características en la página 63 con el título “La batalla”.
    Sigan rescatando la historia que día a día la hojarasca va haciendo desaparecer…

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